Culemaníacos

Una foto de Víctor Valdés durante un partido del Juvenil A / Instagram

Una foto de Víctor Valdés durante un partido del Juvenil A / Instagram

Los secretos del nuevo Víctor Valdés

El exjugador azulgrana y actual técnico del Juvenil A, tiene interiorizados distintos rituales antes de pisar el verde

Claudia Granja @c_granjafranch

04.09.2019 15:57h

2 min

Víctor Valdés es una de las leyendas del FC Barcelona. Fue el portero titular de los años más gloriosos del club bajo las órdenes de Pep Guardiola hasta que en 2014 se lesionó de la rodilla derecha. En un salto durante un partido liguero ante el Celta de Vigo se rompió el ligamento cruzado. Una lesión que le apartó de los terrenos de juego y por la que abandonó posteriormente el club catalán. 

El cancerbero se trasladó a Alemania para operarse y realizar una larga y dura recuperación en Ausburgo, una experiencia que ha convertido a Valdés en la persona que es hoy. Volvió al fútbol de élite, pero nunca al primer nivel. Tras varios años formándose como técnico, el exazulgrana volvió este verano a la entidad catalana, donde creció,  para coger las riendas del Juvenil A.

Regresó con una idea muy clara: recuperar la mejor versión del equipo y dar prioridad absoluta a los valores de La Masía y el estilo de juego. Y en este retorno se ha visto al Víctor Valdés más humano.

Manías y rituales

Según explicó el programa El Club de la Mitjanit de Esport3, el técnico azulgrana tiene distintas manías que lleva a cabo desde que inició su carrera en los banquillos. Le gusta que sus más allegado le llamen Doble V, pero la curiosidad más llamativa es otra. Según explican cercanos al jugador, el técnico azulgrana lleva siempre tres monedas y un billete de cinco euros en su bolsillo. En todos los entrenamientos y en todos los partidos. Y no solo eso, el metal y el billete siempre son los mismos desde que es entrenador. 

Víctor Valdés en el duelo entre los juveniles del Ajax y el Barça / EFE

Víctor Valdés en el duelo entre los juveniles del Ajax y el Barça / EFE

Una superstición o manía que obtuvo después de ser operado en Alemania. Como él mismo ha explicado en distintas entrevistas, la lesión le permitió ver la realidad que había obviado durante años como futbolista de élite. Fue cuando estuvo en Ausburgo, sin su mujer ni sus hijos, donde recordó lo que era la vida cotidiana de la mayoría de personas. Volvió a tocar monedas --algo que no había hecho desde hacía años-- y a comportarse como una persona de a pie. Coger el tranvía cada día para trasladarse al centro de rehabilitación y mezclarse con el resto de ciudadanos como uno más bajo el absoluto anonimato. 

Algo que abrió los ojos al guardameta y por lo que mantiene esa manía. Es su forma de entender que es un afortunado, pero que siempre debe mantener los pies en el suelo.

 

 

 
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