Hablemos del Barça

Laporta, un presidente con bandera blanca

Josep Banyols

Josep Banyols

18.08.2021 02:43h Actualizado: 18.08.2021 05:09 h.

3 min

En 2010, cuando Sandro Rosell salió elegido presidente, presentó los datos de la auditoria y de la Due Diligence para que los socios pudieran tener una visión de la situación, en ese caso un espectro sombrío de la gestión manirrota y amiguista de un expresidente como Joan Laporta quien, dos días antes de las elecciones, le firmó un año extra de contrato a Mediapro que al Barça, de Rosell, le correspondió pagar junto con una multa de cuatro millones de euros. La ampliación era contraria a la normativa y las estrictas advertencias de la Comisión Nacional de la Competencia sobre la limitación en el tiempo los contratos de cesión de derechos de TV.

Joan Laporta con Sandro Rosell / EFE

Joan Laporta con Sandro Rosell / EFE

¿Sorprendente? Para nada viniendo de un pésimo gestor como lo fue Joan Laporta que, además, no convocó las elecciones cuando tocaba, antes del 30 de junio de 2006, y que un año antes de 2010 logró colar una propuesta en el seno del Consell Esportiu para eliminar de los estatutos del FC Barcelona la limitación de mandatos a dos y así seguir aprovechándose del cargo. Política de país bananero.

Si en 2006, cuando un juez le obligó a abrir las urnas, ya no fue inhabilitado para el cargo y expulsado del club se debió a que el poder político de la Generalitat, que ya era un nido de corrupción incomparable desde el cual -sector ferrusolismo- se promovió y se protegió la figura de Joan Laporta, movió los hilos para que la petición de inhabilitación, por incumplimiento estatutario, el más grave de todos, no llegara siquiera al Tribunal Català de l’Esport.

Por no hablar de la compra de Viladecans, riéndose de los socios en su cara y perjudicando alevosamente al club, o de cómo mintió para colocar a su cuñado Alejandro Echevarria en la Junta como directivo siendo miembro de la Fundación Francisco Franco. Del Laporta desacomplejadamente independentista nadie recuerda que decidió no retirarle las medallas al dictador Franco en su primer mandato -por la voluntad de su suegro y de su cuñado-, retirada que sí hizo efectiva Josep Maria Bartomeu muchos años después, en 2019, sin necesidad de proclamar ningún color político ni una rueda de prensa agitando la estelada. Lo hizo porque muchos socios lo habían pedido y ningún otro presidente se había decidido a dar el paso.

Josep Maria Bartomeu en un acto del Barcelona / EFE

Josep Maria Bartomeu en un acto del Barcelona / EFE

Hoy no hace falta imaginar de lo que Laporta es capaz hoy hacer sin prensa que le tosa y habiéndose cargado, además de a Ronaldinho -no sólo por el hecho de traspasarlo- también a Messi, con el Govern de la Generalitat al servicio de cualquier fechoría a su alcance y sintiéndose, cuidado, más fuerte incluso que Jaume Roures o el propio Javier Tebas.

Sin embargo, lo más preocupante de su deriva pasa por la evidencia, incuestionable, de que cualquier decisión tomada hasta ahora no sólo cumple las órdenes y la voluntad de Florentino Perez sino que beneficia al Real Madrid. Lo es echar a Messi y seguir siendo un club sin medios ni recursos que ni echa mano del Barça Corporate, ni del acuerdo con CVC ni de la Superliga, a la que sigue adherido incondicionalmente en ese baile solitario con el presidente del Real Madrid, el mismo que le permitió y le echó una mano en la pancarta y en otras cosas que, desde el súper poder del Palco del Bernabéu, hacen posible lo imposible. Laporta le debe muchos favores, no sólo por el capotazo del aparato del estado en el caso Neymar, promovido desde el entorno social de Laporta. Hay más, mucho más y más grave lo que parece.

Joan Laporta da explicaciones sobre Leo Messi en rueda de prensa / EFE

Joan Laporta da explicaciones sobre Leo Messi en rueda de prensa / EFE

Pero todo, incluido el nuevo retraso en el Espai Barça, hacer más feliz y millonario a Neymar, junto a Leo, para que ambos tapen la marcha de Mbappè, ahora o más adelante, todo acaba beneficiando al Real Madrid y a los deseos de Florentino.

Laporta ha descubierto que sólo con el aliento de la ex ‘convergència’ no se llega tan lejos ni tan alto como con el flujo del poder madridista y españolista. Por eso también, su excuñado, está en la partida.

 
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