Hablemos del Barça

Javier Miguel bw

De la Masia a la Fábrica

Javier Miguel

Javier Miguel

02.04.2022 08:54h Actualizado: 02.04.2022 08:54 h.

3 min

Hay algo que el Real Madrid no está haciendo bien en el fútbol base. Su poderosa maquinaria, conocida como La Fábrica, se estanca en algún proceso de formación, hasta el punto de transformar materias primas de primera clase en simples productos de consumo. Este domingo se volvió a repetir el guion: el Real Madrid ganaba la Liga Promises al Barcelona con un equipazo que no encajó ni un gol en todo el campeonato, integrado por chavales moldeados para ser grandes estrellas, destilando talento a raudales y con una proyección deslumbrante en todos los sentidos, tanto por calidad como por físico. Pues bien, de esta pléyade de jugadores, entre todos ellos destacó un chaval con hechuras de jugador profesional llamado Edu Valentín, autor del gol de la victoria en la final, veremos quién alcanza, al menos por asomo, el primer equipo.

Con sólo echar un vistazo a la plantilla del primer equipo del Real Madrid nos damos cuenta que La Fábrica lleva varios años en ERTE. Su capacidad de generar productos de calidad se ha estancado hasta tal punto que apenas hay canteranos en el equipo de Carlo Ancelotti. Aparte de los ya veteranos Carvajal, Lucas Vázquez y Nacho, el listado de jóvenes de la casa es ridículamente pequeño, con apariciones esporádicas de Miguel Gutiérrez, Antonio Blanco o Sergio Arribas. También se incluye a Mariano, un delantero catalán de ascendencia dominicana, con escaso protagonismo en el once.

Parece evidente que La Fábrica tiene defectos de fábrica, valga la redundancia, como si hubiera abandonado la electricidad para seguir funcionando con vapor. Sin duda, contar con un jefe como Florentino Pérez, que tiene la billetera como mejor aliada para defender un proyecto, no ayuda a dar el pistoletazo a los más jóvenes, que se han de buscar las habichuelas en otros lares más modestos pero propicios.

Aquí es donde La Masia parece una empresa de tecnología punta, una start up de Silicon Valley, donde todo lo que fabrica es elogiado y aclamado. Lleva la denominación de origen de máxima calidad desde hace tiempo, su nombre retumba en todo el planeta como el paradigma de empresa modélica, y además sus productos son premiados allá donde va. Sus últimos modelos son Gavi y Nico. Antes, en otras ediciones, Fati y Araújo. Y hasta llegó a presentar tres modelos únicos e inimitables de una tacada en el 2010: Messi, Xavi e Iniesta.

La Masia hace cracks como chorizos para consumo interno, mientras la Fábrica exporta sus productos, casi resignado, sin encontrar un remedio a tanta displicencia. A nadie del Real Madrid, ni tan siquiera en La Quinta del Buitre, el momento de más apogeo de la cantera blanca, se le hubiera ocurrido plantear un once titular formado por chavales de casa. En el Barcelona, con Tito Vilanova al frente, que en paz de descanse, se presentó hace diez años en el campo del Levante con un equipo formado íntegramente por canteranos: Valdés, Montoya, Puyol, Piqué, Alba, Busquets, Xavi, Iniesta, Pedro, Messi y Cesc.

Xavi no está ya tan lejos de repetir esta gesta. De hecho, y pese a tener a Sergi Roberto y Ansu lesionados, ya podría alinear un once con garantías con jugadores de casa. A saber: Arnau Tenas bajo los palos; en defensa Araújo, Eric, Piqué y Alba; en el mediocampo Busquets, Nico y Gavi, y en ataque Adama, Jutglà y Abde. Y aún quedaría sitio en el banquillo para Riqui Puig, Balde, Mingueza e Ilias.

Aquí es donde La Masia gana por goleada a La Fábrica. Sus productos mantienen el nivel de calidad de los mejores en el peor de los casos, cuando no los mejoran directamente. Son materia prima tratada con mimo y cuidado, que acaban dando los mejores frutos, mientras que La Fábrica se aliena el producto de tal forma que acaba saliendo por la puerta de atrás o abandonado en la esquina de un taller. De hecho, la fortaleza de la Masia es tal que, hasta cuando ha soplado un viento frío y perverso procedente de más allá del Canal de la Mancha, ha sabido aguantar impertérrita el temporal, a la espera de tiempos mejores. Y es que ya se sabe que, tras la tormenta, siempre acaba saliendo el sol.

 
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