Rafael González-Palencia @juanblaugrana

06.02.2020 06:35h Actualizado: 06.02.2020 06:38 h.

2 min

El resiliente Éric Abidal seguirá en su puesto, y también será el encargado de decidir si el Barça suple a Ousmane Dembélé fichando a Ángel Rodríguez o a Lucas Pérez: un bajonazo de glamour comparable a sustituir como protagonista de una película a Jeremy Irons por Carlos Iglesias el de '¡Manos a la Obra!'. Pero claro, vistas las circunstancias y las reglas del mercado, lo más importante es que el delantero que venga este sano, sanote, puro machote. Ni un estornudo, ni una mala jaqueca, que le siente bien el picante, sin intolerancias ni alergias, exige la culerada. Que pueda verlo en el banquillo junto al portero suplente en todos los partidos de aquí a final de temporada. Si encima mete algún gol, pues ya se le hará su propia Peña con todo merecimiento.

Bartomeu ha tenido que templar gaitas, porque Abi, que es muy temperamental (una manera amable como otra cualquiera de decir que no es muy listo) se había propasado gravemente en una entrevista-vendetta publicada en 'Sport'. Ese tipo de charletas reivindicativas, que normalmente surgen de la llamada del personaje al periodista y no al revés, casi siempre pueden subtitularse como 'Se sincera', 'Mi verdad' o, en sus casos más patéticos, 'Lo de mi amor por ella'. Y, aunque satisfagan a su vanidad, solo pueden ser perjudiciales para la imagen del rajador en el corto-medio plazo. Incluso pueden costarle el puesto de trabajo. En especial si, como en el caso de Abi, se ciscan en la Omertà de una institución sagrada como la Curia romana, el grupo de Whatsapp de los Mossos indepes o un vestuario de fútbol.

Messi, como buen CEO del Fútbol Club Barcelona, lo llamó a capítulo. Y con razón. A partir de ahí, en lo que derive la intervención presidencial es un misterio. Lo normal es que Abidal, incluso ratificado, corra más pronto que tarde el mismo destino que Javier Faus, aquel directivo que siempre enseñaba la garra de sagaz inversor en rueda de prensa hasta que Leo le dijo que se la metiera por donde le cupiera. Tampoco sería una gran pérdida, porque oigan, para fichar a Griezmann pagando la cláusula (y casi pifiarla dejando algunos mails comprometedores por el camino) tampoco hay que ser un genio. 

Bartomeu y Abidal en una imagen de archivo / FC Barcelona

Tampoco para ver que Valverde estaba alcanzando unas cotas tremendas de mediocridad y que muchos jugadores hacían lo que les daba la gana. Sobre todo porque a un entrenador bueno solo se le distingue por una cosa: consigue que un alto porcentaje de futbolistas del equipo rindan a su mejor nivel, e incluso medio peldaño por encima. Cosa que El Txingurri no estaba haciendo, luego había que ponerlo en la calle. Igualmente, a un director deportivo de élite se le reconoce porque ficha cracks y no se acerca a un micrófono ni para cantar en el karaoke. 

En fin, que da igual si se lleva la patada ahora o en junio: el ciclo de Abidal está finiquitado. Si no, fíjense que a falta de Bruno Fernandes, Yorye Mendes le ha colocado a Trincao (nominalmente, un fichaje solo comparable al de Robinho por el Real Madrid), que ha estado a punto de ficharle otro delantero al Valencia, que también vienen unos cuantos brasileños en camino y que La Masia ha sido esquilmada una vez más. Es decir, que Abi ya ha pasado por todos los aros del director deportivo culé. Solo le resta hacer mutis por el foro y que pase Carles Puyol, por favor.

Al menos de ese sabemos que los jugadores lo respetarán y no se meterá en jardines. Y si lo hace, será igual que defendía: con educación pero con el machete entre los dientes.

P.D.: Nos vemos en Twitter: @juanblaugrana

 

 
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