Rafael González-Palencia @juanblaugrana

11.11.2021 00:11h

2 min

Que Laporta haya traído a Xavi de Qatar no es el principio del fin de los problemas del Barça, pero sí el fin de la pasividad ante esos mismos problemas. No es igual aunque suene parecido, pero tampoco posee menos valor. A estas alturas de la película, y habiendo pasado de los 120 goles que marcaban entre Suárez, Messi y Neymar a no poder contar siquiera con los veintipocos que hacía Griezmann, es harto complicado que el Barça se alce como dominador en cualquiera de los campeonatos que disputa. Pero, como cantaba Rosendo, hay diferentes maneras de vivir.

Thierry Henry explicaba hace algún tiempo en este vídeo  la disposición ofensiva del Barça de Guardiola. Los extremos muy abiertos de partida pero con libertad de movimiento una vez definida la superioridad en su parcela. Los interiores aguantando la posición y confiando en el pase del compañero, en lugar de dar facilidades a los mediocentros rivales al ir a buscar la bola de espaldas. La amplitud como primera condición para construir el juego por dentro. Vamos, prácticamente todo lo que con Koeman se hacía mal o sencillamente a medias. Y tanto en el primer fotograma de cada jugada como a menudo en el último, el mismo jugador dominando la bola y, con ella, el partido: Xavi Hernández Creus.

Buena parte del barcelonismo se ha ilusionado con el mítico '6' egarense porque, como Martín Lutero, ha clavado en la puerta de una catedral enferma de aluminosis el papelote con las normas que deben poner orden en la cristiandad. Sin embargo, en el fondo, desconfían de su capacidad como técnico. Eso del Al Sadd y la academia Aspire ya sabemos todos lo que es: un cono de influencia en una esfera que a los dueños de los petrodólares les interesa explotar. Y ya se ha dicho varias veces que el Barça post Bartomeu pende de una plantilla raquítica y destornillada, llena de jugadores bisoños y estrellas deprimidas, vilipendiada por las lesiones, sin posibilidad de echar billetes a la caldera de los fichajes y, como colofón, fustigada por una crónica mala pata. ¿Cómo va a poder contra eso un técnico novato que estudió en una jaima?

Siendo todo eminentemente cierto, olvidan muchos esmirriados de fe que la semilla del diablo se plantó hace años con gran regocijo suyo. Eran aquellos que pedían más juego vertical. Un '9' que pudiera rematar centros laterales en caso de necesitarse. Más desborde y menos 'balonmano'. Centrocampistas con más músculo y menos arco de violín. Más delanteros, menos extremos, centrales rocosos. Resulta que de todo eso hay en el Barça actual y el resultado es una castaña pilonga. Pero no porque fueran ideas faltas de discernimiento, sino porque se han ido adoptando sin respeto a una esencia que es mucho más importante. Sin reflexión, sin equilibrio y, por encima de todo, sin coraje. Algo me dice que con Xavi el Barça va a recuperar buena parte de esa identidad. Y que dará lo mismo si Piqué va o no a divertirse al Hormiguero.

P.D.:  Nos vemos en Twitter: @juanblaugrana

 
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