Rafael González-Palencia @juanblaugrana

01.10.2020 08:44h Actualizado: 01.10.2020 08:45 h.

2 min

Puede parecer una afirmación prematura, pero Koeman ya ha hecho lo más difícil. Y no, no es vender a Semedo. La sangría de despropósitos y memes en que se había convertido el Barça desde la magnífica derrota que el Bayern le infligió en el último torneo de la Champions parecía ya una marea ponzoñosa e imparable. Anegaba incluso la primera jornada de Liga para los culés, con Luis Suárez 'El Regalado' firmando un doblete vestido de rojiblanco.

Así, sin siquiera media hora de tregua en el despiporre, tuvieron que salir los azulgranas ante el Villarreal, como locales pero de nuevo en un estadio con público troquelado. Y aun así, despacharon una goleada solvente que tapó muchas bocas y serenó a otras tantas almas atormentadas.

El juego vibrante del Barça en su debut, con Ansu Fati como jefe de la fábrica de goles y esperanza, demuestra que el plan de su nuevo técnico parte de una lógica acertada: poblar de jugadores con talento el tercer cuarto de cancha es lo que mejor activa dos resortes fundamentales en el ideario blaugrana, el de circular la bola con un último pase en la mirilla y el de presionar en grupo cuando el rival la recupera.

El Villarreal de Emery, obvio, no es de los que se cierran y además trata de sacar el balón jugado desde atrás, lo que facilita ambas tareas. Pero los once que Ronald eligió las desempañaron bastante mejor de lo que cabría esperar en un equipo con el rodaje justo. Incluido un Messi que durante muchos minutos operó como 'nueve' en lugar del 'nueve', aprovechando la sacrificada movilidad de Griezmann.

Leo marcó el penalti que le cedió Ansu, quien sin duda lo prefiere como maestro a como rival, y poco a poco pasó de las caras largas a las sonrisillas breves al verse rodeado de un puñado de peloteros con ganas de liarla en el área contraria. Más los que entraron desde el banquillo, en otra buena maniobra de Koeman: lo mejor que le puede pasar a Leo es comprobar que él no tiene que hacerlo todo para que de repente le entren ganas de hacerlo. 

Tanto es así, que el capitán en funciones del Barça salió unos días después al medio que le convino para pedir perdón, de aquella manera, al barcelonismo. Y digo 'de aquella manera' porque su argumentario giró alrededor de una gran mentira: "Asumo mis errores, que si existieron fueron solo para hacer un mejor y más fuerte FC Barcelona". Hombre, pues no. Para empezar, porque te querías ir gratis, jodío.

Pero no se puede ser tan desagradecido con Messi como para no desearle que viéndose como se ve ahora, solo con su mentira, sin amigotes con aliento a mate que le amenicen los asados, encuentre la redención. La pelota ya vuela a su alrededor, y así es imposible que el mejor del mundo no quiera cazarla de un salto. Per molts anys, espero.

P.D.: Nos vemos en Twitter: @juanblaugrana

 
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