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Benzema celebra su primer gol frente al Eibar EFE

Benzema celebra su primer gol frente al Eibar EFE

Benzema salva los muebles en otro partido lamentable del Real Madrid con Zidane

El galo, con dos testarazos, remontó el gol inicial de Cardona (2-1)

Pau Beya Acero

06.04.2019 18:09h

3 min

Las estadísticas dicen que el Real Madrid con Zidane ha ganado tres de los cuatro partidos que ha disputado. El juego indica que, aunque se produzcan los resultados, el conjunto blanco no ha dado ningún síntoma de mejora. Defensivamente sigue siendo muy contemplativo, el centro del campo sigue practicando un juego demasiado lento y en ataque, pese a jugar con tres puntas, solo tiene a Benzema.

El Eibar se paseó por el Santiago Bernabéu en la primera mitad. El cuadro local ni siquiera tiró a puerta en los primeros 45 minutos y por momentos los de Mendilibar se adueñaron de la posesión del balón. La ocasión que tuvieron la convirtieron. Tras una gran jugada asociativa, Escalante filtró un gran balón para Marc Cardona que sentó a Keylor Navas y lo superó por arriba. Mientras eso sucedía, los blancos solo miraban.

Marc Cardona bate a Keylor Navas en el Real Madrid-Eibar / EFE

Marc Cardona bate a Keylor Navas en el Real Madrid-Eibar / EFE

Los pitos despertaron ligeramente al Real Madrid. A partir de la segunda mitad se adueñó de la posesión, aunque sin transcendencia alguna, como en el encuentro de Mestalla. El primer tiro a puerta llegó en el 47'. La primera ocasión de peligro, en el 58'. La transformó el de siempre, Benzema, con un testarazo tras un gran centro de Asensio.

Nada cambió ese gol. El juego de los pupilos de Zidane seguía siendo muy lento, y solo el lograba avivarlo un poco. Fue él, quién si no, el que culminó la remontada. En una jugada casi calcada a la del primer tanto, remató un nuevo centro, en este caso de Kroos. Su cabezazo rebotó en el césped y salió con más velocidad, siendo inalcanzable para Dimitrovic.

Solo Benzema

Un día más, lo peor del Real Madrid fue la imagen que dejó sobre el césped. Es cierto que ya no tienen ninguna opción de luchar por la Liga, pero es inadmisible que un equipo como el blanco se pasee por el Santiago Bernabéu. En la primera parte reinó la apatía: iban andando y parecía que lo que sucedía en el terreno de juego no iba con ellos.

Solo el gol de Cardona (y la monumental pitada posterior) despertó a los futbolistas. Después del descanso el conjunto de Chamartín recuperó la posesión, aunque el ritmo del encuentro no aumentó. El Eibar se iba encerrando cada vez más y llegaron los primeros acercamientos al área rival. Más por inercia que por insistencia.

Solo Benzema, uno de los futbolistas más criticados en cursos anteriores, mostró tener sangre en las venas. Celebró sus dos goles con rabia, la que no tuvieron el resto de sus compañeros durante su encuentro. Incluso estuvo a punto de lograr el hat-trick, merecido por otra parte, pero su balón se estampó en el palo.

El Bernabéu, vacío e irascible

El Real Madrid llegó a este encuentro tras la dolorosa derrota en Mestalla, con la que se diluyó el efecto Zidane. El cuadro blanco ofreció una muy mala imagen ante el Valencia y los aficionados, hartos de esta temporada, mostraron su rechazo. Muchos de ellos, desde casa, pues el Santiago Bernabéu registró la cuarta peor entrada de la temporada: 50.284 espectadores.

Benzema celebra su segundo gol con el Bernabéu vacío de fondo / EFE

Benzema celebra su segundo gol con el Bernabéu semivacío de fondo / EFE

Los que acudieron al feudo de Concha Espina aprovechaban la más mínima ocasión para dar a conocer su enfado. El que más recibió fue Gareth Bale. Si erraba de cara a portería, pitos. Si fallaba un pase, pitos. Si no llegaba a un balón, pitos. Y evidentemente, cuando fue sustituido, el estadio blanco lo despidió con una sonora pitada.

Fue el gol de un exazulgrana, Cardona, el que provocó la explosión en el Bernabéu. Los aficionados madridistas no perdonaron la pasividad del equipo y abuchearon a unos jugadores que se dirigían hacia el centro del campo cabizbajos e incrédulos. Con la reacción del Real Madrid en la segunda mitad se calmaron los ánimos, pero el público ya ha avisado: no pasarán ni una.

 

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