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Una foto de Luis Suárez, Gerard Piqué y Leo Messi durante un entrenamiento del Barça / FCB

Una foto de Luis Suárez, Gerard Piqué y Leo Messi durante un entrenamiento del Barça / FCB

Guerra entre el vestuario y la directiva: ¿los jugadores tienen el poder?

El nefasto final de temporada vislumbra una planificación horrorosa, una falta de recursos preocupantes y una desconexión irrefutable entre las esferas del club

Claudia Granja @c_granjafranch

27.05.2019 13:22h Actualizado: 27.05.2019 14:40 h.

2 min

Todos representan el mismo escudo y los mismos intereses, pero la final de Copa perdida ante el Valencia deja en evidencia las carencias de un Barça que arrastra muchos problemas --especialmente deportivos-- desde hace cuatro años. Desde el triplete de 2015, que derivó en elecciones y no pudo evitar la caída paulatina del conjunto entonces dirigido por Luis Enrique,  el once del Barça poco ha cambiado. Al igual que otros estamentos de la institución. 

Llegó Errnesto Valverde con su nuevo cuerpo técnico como relevo elegido, pero ni la secretaría técnica se ha mantenido para desarrollar el plan establecido como hoja de ruta. La presidencia tampoco se ha tocado --pese a los cambios que han habido dentro de la junta directiva-- y Bartomeu ha permitido que los jugadores se conviertan en vacas sagradas alrededor de Messi, quien a fin de cuentas, es el verdadero intocable. 

El endiosamiento de los jugadores es una verdad irrefutable para una directiva que tras concluir la temporada, con tan solo la consecución de la Liga, deberá tomar medidas de urgencia. Hacer limpieza para evitar males mayores en el futuro, aunque eso incluya avanzar despedidas difíciles e inesperadas. 

El conflicto

Todos quieren ganar, pero hay diversos factores que apuntan a una falta de ambición preocupante y eso reside dentro de un vestuario que es el mejor pagado de toda Europa. La directiva azulgrana siempre ha recordado que los jugadores del Barça son los mejores pagados del mundo, con una masa salarial que genera muchísimos problemas para abordar fichajes, pero que es un incentivo para sacar el mejor rendimiento de los jugadores. 

Valverde, Messi, Suárez y Piqué en un entrenamiento del Barça / EFE

Valverde, Messi, Suárez y Piqué en un entrenamiento del Barça / EFE

Cuatro años más tarde el tiro les ha salido por la culata. Este verano fue el más movido del club en años, y pese a ello, el núcleo central de la plantilla se ha mantenido tanto dentro del vestuario como en el terreno de juego. Ter Stegen, Jordi Alba, Gerard Piqué, Sergi Roberto, Ivan Rakitic, Sergio Busquets, Leo Messi y Luis Suárez. Ocho jugadores de campo que lo han jugado casi todo desde entonces y otros con menos protagonismo pero también presentes como Cillessen o Vermaelen. 

Todos ellos han sido la columna vertebral del equipo durante más de un lustro en el que tan solo algunas salidas han obligado a reforzar al equipos con llegadas que todavía no se han consolidado en el equipo como Dembelé, siempre a su aire, Coutinho, siempre intermitente, o Arthur y Lenglet, todavía por asentar pese a su presencia en el verde.

El conflicto

No existe conflicto real, al menos todavía, pero las medidas que se avecinan podrían derivar en uno. No se sabe quién pagará los platos rotos. Podría ser Valverde, Pep Segura o algún jugador de peso en el vestuario como toque de atención, pero sin duda los jugadores no quieren perder el poder que se les ha cedido inconscientemente. 

Cada uno debe ejercer su funciones y los jugadores están para jugar, no para mandar. No toman decisiones de forma directa, pero su opinón siempre se ha tenido en cuenta así como las presiones que han ejercido, como por ejemplo en materia de fichajes. Vetar a jugadores, elegir a conocidos antes que a jugadores de mayores garantías. Todo suma para una plantilla que quiere ganar comodamente entre sus amigos. Y esto no es la pachanga de los miércoles. 

La directiva debe tomar decisiones, aunque cueste enfados y malas caras. No hay mal que por bien no venga.

 
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