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Josep María Bartomeu, en una imagen de archivo | EFE

Josep María Bartomeu, en una imagen de archivo | EFE

La historia de la carta de Bartomeu, que no quiso ser burofax

En una semana, el expresidente realizó varias versiones para centrarse en la gestión económica de la que tanto se le ‘acusa’

Josep Banyols

15.08.2021 12:58h Actualizado: 15.08.2021 15:00 h.

5 min

Josep Maria Bartomeu llevaba días dándole vueltas a cómo defender a su gente, a los miles de barcelonistas que lo reeligieron en 2015 -aunque ya fuera un presidente legitimado estatutario y democráticamente desde la dimisión de Sandro Rosell en 2014- y a los que representó hasta su último día en el cargo, el 27 de octubre de 2020.

Rosell y Bartomeu en una imagen de archivo / FC Barcelona

Rosell y Bartomeu en una imagen de archivo / FC Barcelona

A los decepcionados o enfadados, pero sobre todo a los que nunca han puesto en duda su integridad y han respetado su mandato, Bartomeu quería enviarles un mensaje de respeto, agradecimiento y, lo más importante, de resistencia ante lo que considera un ataque fuera de las reglas del juego. A Bartomeu le ha cansado, sobre todo, ese ‘tirar la piedra’ y esconder la mano, el juego que la junta de Joan Laporta se trae entre manos desde la campaña y que ha incorporado y fijado al manual de la gestión y a su discurso él mismo y su propio equipo de comunicación.

El límite para el expresidente lo cruzó Laporta en la rueda de prensa en la que intentó explicar cómo se le había escurrido de las manos Messi -sin olvidar que también Ronaldinho se le escapó de todo control y disciplina en su primer mandato-, realizando frecuentes alusiones a la herencia a esos hallazgos que, dijo, pueden ser irregulares o “presuntamente delictivos”. Y eso pese a asegurar el mismo número de veces que quiere mirar hacia adelante y no estar mirando continuamente el retrovisor.

Joan Laporta comparece tras el anuncio de la salida de Leo Messi / EFE

Joan Laporta comparece tras el anuncio de la salida de Leo Messi / EFE

La idea se la dio o se la sugirió uno de sus abogados desde una visión menos emocional con la finalidad de reaccionar a ese juego sobre el contenido de la auditoría o de la DueDiligence con la que viene amenazando el nuevo presidente de forma reiterada. “Envía un burofax”, le decían al expresidente.

Pero Bartomeu no quería eso, quería respeto y legalidad, transparencia y, si existe verdaderamente algún motivo para reclamar responsabilidades individuales contra alguien por algún ilícito, ser el primero en firmar la demanda o la querella, pues él, como espera demostrar en el juicio del Barçagate, no ha autorizado ni consentido ni conocido durante su gestión ningún proceder consciente en contra de la aplicación de los estatutos, el código ético o la normativa a seguir para el buen gobierno del club.

Descartó absolutamente el burofax. Tampoco quería ofrecer una rueda de prensa, mucho menos antes de conocer los resultados de la auditoría. Buscaba la fórmula de dejar las cosas claras habiendo sido desde hace más de dos años el blanco inerme de una enorme campaña de agitación social en su contra, a su juicio visible y demostrada cuando el Govern de la propia Generalitat lo acorraló, mediante el aparato independentista, en un voto de censura que se negó a celebrar convocando a 95.000 barcelonistas en el Camp Nou en lo más alto de la segunda ola. Cuando tuvo en sus manos la autorizaciónalucinante de la misma Delegació del Govern, que no permitía la movilidad ni reunirse más de seis personas en un domicilio, supo que no podía dar un paso más en ninguna dirección.

Josep María Bartomeu en una foto de archivo / EFE

Bartomeu realizó un montón de consultas personales con su equipo de exdirectivos porque, sobre todo, quería centrar esta actuación, al final en forma de carta, en las derivadas de la gestión económica y financiera. Obtuvo de su entorno decenas de críticas y de argumentos en contra de Laporta, de su pasado y de su presente, que descartó para limitar su posicionamiento a lo estrictamente económico y a evitar, al menos pedirlo alto y claro, que la junta deje de sugerir e insinuar irregularidades. Quería meterle prisa a Laporta para que, de una vez por todas, solucione esa papeleta que, a su modo de ver, sólo es del nuevo presidente.

Pretendía aclarar que su decisión de dimitir implicó dejar el club en manos de una Comisión Gestora y dejar sin efecto su plan de convocar las elecciones el 21 de marzo y dar la cara cerrando el ejercicio 2020-21. Para evitar más confusión, el expresidente quería subrayar dos cuestiones muy claras. Una, que la asamblea aprobó sus cuentas de la temporada 2019-20 con el voto a favor y la petición expresa del nuevo presidente Joan Laporta, una liquidación con pérdidas del ejercicio provocadas por la COVID pero con beneficios al cierre del mandato lo que anula cualquier posibilidad de acción de responsabilidad.

Laporta y Bartomeu, en una imagen de archivo | EFE

Laporta y Bartomeu, en una imagen de archivo | EFE

Y añadido a esta perspectiva, en segundo término,el ruego de esclarecer que en ningún caso se le puede atribuir a su junta, en absoluto, ninguna responsabilidad sobre el cierre del ejercicio del que ya han avanzado unas pérdidas a su modo de ver sospechosa de haber introducido alguna de esas ideas contables macabras, ignorantes y peligrosas para el club.

Por eso, desde un primer original de la carta con el doble de páginas fue puliendo el mensaje y afinando cada frase para que tuviera exclusivamente ese contexto económico sobre un juicio paralelo y mediático en el que ya ha sido condenado socialmente por el aparato periodístico de Joan Laporta.

Por eso, también, le ha querido reiterar que desde su llegada al club y con el conocimiento previo de la situación -caída total de ingresos- la nueva junta debía ponerse manos a la obra en lugar de echarse a dormir con la excusa de que la ‘herencia’ lo explica todo.

Joan Laporta con su junta directiva en la toma de posesión / EFE

Joan Laporta con su junta directiva en la toma de posesión / EFE

Bartomeu estaba decidido a recordarle que su junta tenía un plan de urgencia, mejor o discutible, pero tenía un plan que además dejó sobre la mesa como el Barça Corporate y la Superliga, rechazados de plano y claramente sin alternativa.

Pero también a recordarle que en 2010 Joan Laporta dejó el club, sin pandemia, en una situación crítica, “nefasta” y, estatutariamente abocada a la obligación de pasar por la asamblea la decisión, o no, de iniciar una acción de responsabilidad.

Quería, personalmente, recordarle que después de haber ganado las elecciones de 2003 bajo el lema ‘levantaremos las alfombras’ de Joan Gaspart, fue Joan Laporta el que promovió esconder su propia basura bajo esa misma alfombra.

Laporta, tras conseguir la victoria en las elecciones de 2003 | EFE

Laporta, tras conseguir la victoria en las elecciones de 2003 | EFE

El proceso de la carta, desde que se decidió a redactarla, ha durado aproximadamente una semana y no ha tenido consenso de todo su entorno, al contrario. Parte de él ha puesto en duda la oportunidad, la necesidad y la arriesgada decisión de provocar a Joan Laporta. 

Bartomeu no ha dejado entrever, sin embargo, la menor duda de que era necesario marcar el terreno de juego, ni ha manifestado el menor temor a lo que pueda pasar (represalias mediáticas) y ha establecido, a su modo, un cambio en la estrategia en las actuaciones de la junta vigente respecto de esa permanente alusión a un pasado opaco, indefendible y acosado bajo el peso de sus propios pecados.

Lo presunto, lo sospechoso, lo irregular y lo inexplicable o lo vergonzoso de la etapa de Bartomeu, si es que no ha sido suficientemente aireado o utilizado para ganar las elecciones por parte de Laporta, debe ser ahora explicado al detalle y a todos los socios, esa es la parte de su mensaje que seguramente más impacto ha causado y la que, como era su propósito en parte, le ha dado la iniciativa que antes tenía Laporta. Ya se anuncia la presentación de la auditoría para el lunes. Ha funcionado.

 
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