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Una foto de archivo de Joan Laporta / EFE

Una foto de archivo de Joan Laporta / EFE

Laporta cerró el grifo a Oliver ante su anarquía empresarial

El expresidente del Barça, harto de la mala gestión económica de su amigo, puso fin a su inversión en la entidad catalana

Claudia Granja @c_granjafranch

07.02.2019 23:39h

3 min

La situación del Reus es definitivaExpulsado del fútbol profesional durante tres años y condenado a pagar una multa de 250.000 euros de la que Joan Oliver no tendrá responsabilidad alguna.

La venta del club una semana antes de conocerse la decisión de la Liga, ratificada por el TAD posteriormente, exime al catalán de hacerse cargo de las represalias deportivas y administrativas. Una operación redonda para un hombre de negocios con un currículum más que cuestionable.  

Con la entidad rojinegra en la estacada y los más de 60 trabajadores a punto de presentar una denuncia ante el Departamento de Trabajo de la Generalitat tras no percibir sus nóminas durante cinco meses, se constata una mala gestión que se habría alargado si sus principales apoyos económicos hubieran dado credibilidad a sus argumentos.

Fin a la financiación

Uno de los hombres más señalados tras la desaparición del Reus ha sido Joan Laporta. Con Oliver al mando del 99% de las acciones del club, todos aquellos que se sumaron al proyecto en 2013 –basado en el afán de llevar a la élite del fútbol a un equipo catalán– vieron como, paulatinamente, sus opiniones quedaron relegadas a un segundo plano. Entre ellos el expresidente azulgrana, íntimo amigo y socio de Oliver.

Tras el fatídico final de la entidad catalana,  fuentes cercanas a Laporta aseguran que la anarquía empresarial de Oliver al mando del club llegó a tal punto que nadie quiso financiarle. Ni tan siquiera sus amigos. 

“El presupuesto que se le dio fue de seis millones de euros, pero llevaba varios años asumiendo riesgos y contando con ocho. Dos millones de déficit para un club como el Reus es mucho dinero”, aseguran fuentes conocedoras del caso a Culemanía.

“Laporta apostó por el proyecto dada la amistad que forjó con Oliver en el Barça, pero estuvo mal asesorado en aquel momento y ahora se ha dado cuenta”. En seis años invirtió 1,5 millones de euros de su bolsillo, incluido un aval a título personal de 800.000 euros del Banco Sabadell que ahora va a tener que pagar.

Una foto de archivo de Joan Laporta y Joan Oliver

Una foto de archivo de Joan Laporta y Joan Oliver

Una situación difícil que empeoró cuando Oliver le pidió mayores esfuerzos económicos: “Laporta se cerró en banda. Todos advirtieron a Oliver, pero no escuchó a nadie y Joan (Laporta) no quiso seguir tirando dinero a fondo perdido”. 

El pelotazo frustrado de Oliver

Con la situación al límite y el club abocado a la bancarrota, Laporta optó por otras vías con las que poder financiar al club y sanear las cuentas ante la incapacidad empresarial de su amigo. "Buscó un comprador, pero ¿quién quiere un club endeudado hasta las cejas?”, se preguntan. Y prosiguen: “Los norteamericanos son un testaferro”.

Cuando el Reus empezó a caer en lo deportivo, la mala gestión de Oliver comenzó a asomar: “Había un comprador chino dispuesto a abonar 22 millones de euros por el club, pero la política en el país asiático cambió. El Gobierno prohibió las inversiones con capital chino en clubes extranjeros y no se pudo consumar la compra”. Una compra que hubiera supuesto un negocio redonda para Oliver, pero que se quedó en el camino con el cambio de la legislación internacional en febrero de 2018. 

Joan Oliver, máximo accionista del Reus, en rueda de prensa / EFE

Joan Oliver, máximo accionista del Reus, en rueda de prensa / EFE

Un año más tarde el final ya se conoce. Una deuda de ocho millones. Algo que destacan las mismas fuentes, empezó cuando convirtió el club en una SAD (Sociedad Anónima Deportiva) en la temporada 2014-15. Oliver era el máximo accionista y propietario del club a través de la sociedad CSSB Limited, propietaria del 57,11% de las acciones del CF Reus. Otro 42,49% está bajo control de la sociedad Gaupau SL, también propiedad de Joan Oliver, lo que lo convirtió en el máximo accionista del club tarraconense y le permitió tener un total control de la finanzas del club.

Sin asesoramiento empresarial, ni colchón económico en el que sostenerse, Oliver se quedó solo a la espera de que la venta de la entidad funcione como cortina de humo ante sus responsabilidades. 

 

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