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Al-Khelaifi, el símbolo de la degradación del PSG y de Qatar / EFE

Al-Khelaifi, el símbolo de la degradación del PSG y de Qatar / EFE

La sucia imagen de Qatar antes del Mundial de fútbol

Nasser al-Khelaifi termina de manchar el nombre del emirato árabe en la Champions League

Víctor Malo @VMalo8

11.03.2022 18:07h Actualizado: 11.03.2022 18:37 h.

6 min

La imagen de Qatar está cada vez más deteriorada desde que desembarcó en el mundo del fútbol de la mano del PSG para desafiar la jerarquía histórica de los grandes clubes. El presidente del club parisino, Nasser al-Khelaifi, se ha convertido en una caricatura del dirigente modélico que durante los primeros años fingió ser y ha sucumbido a la ira y las malas formas del que está acostumbrado a comprarlo todo a golpe de talonario y se da cuenta de que hay cosas que no puede comprar por mucho dinero que invierta. La Champions League es el sueño frustrado de este exjugador de tenis que ha ido degradando su figura hacia límites insospechados y, con su mal hacer, está perjudicando gravemente el icono que representa Qatar, un país que también se ha hecho a sí mismo bajo la filosofía del todo tiene un precio

1.400 millones en fichajes, ninguna Champions

Más de 1.400 millones en fichajes después --1.405,6 millones desde 2011, para ser exactos--, el PSG agrava sus frustraciones, encarnadas en el propio Al-Khelaifi, que ha fracasado en el gran objetivo que le encomendó el emir, Tamim bin Hamad Al-Thani: ganar la Champions el mismo año del Mundial de Qatar. Y no solo eso, sino que han sido despachados a las primeras de cambio después de cerrar el fichaje del siglo, Leo Messi, que abandonó Barcelona en su momento más delicado para sellar una alianza con la máquina de dinero catarí. Le ha salido el tiro por la culata al mejor jugador de todos los tiempos, que, como le pasó a Neymar en su momento, no hay día en que no se arrepienta de haber cambiado Barcelona por París. A falta de títulos, les queda el consuelo de los ceros en su cuenta bancaria. 

Lionel Messi y Nasser Al Khelaifi, en la firma del contrato del astro argentino / PSG

Lionel Messi y Nasser Al Khelaifi, en la firma del contrato del astro argentino / PSG

Que Qatar es una marca sucia no es ningún secreto. La explotación de trabajadores denunciada desde hace años por Amnistia Internacional, la degradación de las mujeres, obligadas moralmente a vestir el hijab y, en muchos casos, también el burka, y la utilización del dinero para comprar la opinión pública agasajando a sus huéspedes extranjeros y recibiendo a los visitantes en lujosos hoteles que no suelen bajar de las cinco estrellas son elementos que describen a la sociedad catarí, donde los ciudadanos están exentos de pagar impuestos y muchos de los oriundos incluso perciben un salario simplemente por el hecho de ser originarios de Qatar. Esta vía, junto a su multimillonaria inversión en estadios, es la principal estrategia del país para conseguir su ambicioso objetivo: que el Mundial de 2022 sea el más espectacular de la historia

Tensiones con el Barça... 

Una forma de hacer, autoritaria y arrogante, que ha sufrido el FC Barcelona en sus propias carnes. El Barça abrió las puertas del fútbol occidental a Qatar con la alianza que Sandro Rosell fraguó en 2010 con Qatar Sports Investments (QSI). Primero brilló en la camiseta culé el logo de Qatar Foundation, que simbolizaba una ruptura menos traumática con UNICEF, y dos años más tarde entró en juego la aerolínea Qatar Airways, que llegó a ser el patrocinio más elevado del momento. La relación se truncó en 2015 cuando, después de ganar el triplete, la junta de Bartomeu incumplió un acuerdo verbal alcanzado por Javier Faus y, a través de Manel Arroyo, intentó mejorar el acuerdo que todavía no se había firmado. Las elevadas pretensiones culés hicieron enfadar al emir, que dejó tirada a la comitiva azulgrana en Doha. El acuerdo de patrocinio se mantuvo un año más con el precio inicial, sin la subida acordada por Faus, y representó un divorcio que acabó como casi todos, mal.

Nasser al-Khelaifi se muestra cariñoso con Neymar, su jugador franquicia para el PSG / REDES

Nasser al-Khelaifi se muestra cariñoso con Neymar, su jugador franquicia para el PSG / REDES

En los años siguientes se originó una guerra abierta entre el Barça y el PSG que alcanzó su máxima expresión con el robo de Neymar en 2017, previo pago de su cláusula de rescisión: 222 millones de euros, el fichaje más caro de la historia del fútbol. Fue la manera que utilizó Qatar de silenciar las constantes presiones culés por contratar a Marco Verratti. Los parisinos tampoco dejaron escapar a Thiago Silva, Marquinhos, ni Rabiot y se acabaron llevando a jóvenes promesas como Xavi Simons y Kays Ruiz o, ya con la pandemia, a Rafinha gratis. El detonante final fue que también consiguieron el fichaje de Messi sin pagar ni un solo euro como traspaso el verano pasado.

... Y con el Real Madrid

Desarmado el Barça, sin Messi y con la economía mermada, la batalla posterior del PSG tuvo como protagonista al Real Madrid. Florentino Pérez también ha vivido las tensiones con Al-Khelaifi y, tras enfrentarse por el fallido proyecto de la Superliga, donde el presidente del PSG dio apoyo a la UEFA y acabó siendo nombrado presidente de la ECA, su gran contienda consiste en el fichaje de Mbappé. Florentino está dando a París su propia medicina y el fichaje del crack francés por el club blanco es un secreto a voces, lo que ayuda a explicar la rabia con la que terminó el presidente del club parisino y su injustificable intimidación a los árbitros tras perder en el Bernabéu. "Tuvieron un comportamiento violento con trabajadores del Real Madrid, Al-Khelaifi bajó como un mantón al vestuario del árbitro, que tuvo que sujetar la puerta para que no entrasen, lanzó el móvil de un trabajador al suelo porque pensaba que le estaba grabando y le dijo que le iba a matar ", según explicó el periodista de La Ser Antón Meana

Once años después del desembarco de los petrodólares catarís en París, el resultado es un completo fracaso que explica la ira descontrolada de Al-Khelaifi. Esos 1.400 millones de inversión --952 millones si descontamos lo que han ingresado por ventas de jugadores-- en los mejores futbolistas del planeta que no han sido suficiente para construir un equipo competitivo de verdad, sino un corral de estrellas ególatras y malcriadas que alimentan la pésima imagen del PSG y, consecuentemente, de Qatar. En el momento más importante, en que el país del Golfo Pérsico está obsesionado con ser el centro del mundo gracias a su multimillonario Mundial de invierno, la imagen del principal representante de los catarís en Europa está más devaluada que nunca. 

Corrupción, soborno y tráfico de influencias 

Nasser al-Khelaifi no solo ha quedado retratado a nivel internacional por perder las formas en el estadio del Real Madrid, sino que además está siendo investigado por un supuesto delito de "corrupción" y "soborno activo" por el área de delitos económicos del Tribunal de París. Los beneficiarios de las presuntas prácticas ilícitas habrían sido el expresidente de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF), Lamine Diack y su hijo, quien se habría embolsado cerca de 3,5 millones de dólares procedentes de Oryx Qatar Sports Investments (Oryx QSI), compañía vinculada al fondo QSI que también preside Al-Khelaifi y que es la división deportiva del fondo soberano Qatar Investment Authority.

Aleksander Ceferin con Al-Khelaifi en un encuentro / UEFA

Aleksander Ceferin con Al-Khelaifi en un encuentro / UEFA

Otro asunto aún más escabroso que tiene abierto está relacionado a una acusación de tráfico de influencias: le piden 28 meses de cárcel. El pasado lunes, tuvo que comparecer ante el Tribunal Penal Federal de Bellinzola (Suiza) a petición del Ministerio Público de la Confederación helvética, que le acusa de tráfico de influencias e instigación a la gestión desleal por parte del ex secretario general de la FIFA Jerome Valcke. Solicitan una pena de prisión para él por la adjudicación de los derechos televisivos de las Copas del Mundo de la FIFA de 2026 y 2030 al consorcio qatarí Bein Media Group (Bein Sports). Además de haber admitido una “relación amistosa desde hace años” entre ambos, Valcke se habría beneficiado durante 18 meses de una lujosa villa en Cerdeña, adquirida por una sociedad vinculada a Al-Khelaïfi meses antes de la adjudicación por parte de la FIFA de los derechos televisivos.

Un Mundial manchado

El Mundial de Qatar se celebrará del próximo 21 de noviembre al 18 de diciembre de 2022. El evento, que llega tras las experiencias previas con el Mundial de Balonmano 2015 o el Mundial de Atletismo de 2017, está llamado a paralizar el mundo del deporte. La mayor suntuosidad nunca vista en un torneo de fútbol tratará de eclipsar todos los escándalos de sobornos de la FIFA vinculados a la adjudicación de una Copa del Mundo a un país pequeño y sin historia en esta competición como es Qatar. Una conducta presuntamente delictiva, investigada por la justicia americana bajo el sello del FIFAGate, que también salpicó a la multinacional catalana Mediapro, de los empresarios Jaume Roures y Tatxo Benet, a través de una de sus filiales, Imagina. Hay que recordar que Roures también se asoció a Bein Sports, la televivisón de Qatar, para comprar los derechos de la Liga y de la Ligue1 francesa, pero tampoco terminaron bien

Jaume Roures y Nasser Al Khelaifi en una imagen de archivo donde también figuran Florentino Péres y Tatxo Benet / EFE

Jaume Roures y Nasser Al Khelaifi en una imagen de archivo donde también figuran Florentino Péres y Tatxo Benet / EFE

 
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