Universo Blaugrana

Una foto de los jugadores del Barça abatidos ante la remontada del Liverpool / EFE

Una foto de los jugadores del Barça abatidos ante la remontada del Liverpool / EFE

Las claves de la catástrofe en Liverpool

Pese al 3-0 de la ida en el Camp Nou, el Liverpool mantuvo el planteamiento inicial, pese a las bajas, y mejoró en acierto en las áreas

Claudia Granja @c_granjafranch

08.05.2019 13:23h

3 min

En estado de shock. Tan solo 12 horas después de la nueva hecatombe azulgrana en Champions League, esta vez ante el Liverpool y un año después de lo ocurrido en Roma, nadie se explica cómo y por qué el Barça volvió a verse superado tras un resultado favorable en la primera eliminatoria y tampoco por qué no tuvo capacidad de reacción. 

Las sensaciones son nefastas, y ante la imposibilidad de explicar los hechos con argumentos, las estadísticas y el juego del Liverpool hablan por sí solos. No se salva ni uno de los 90 minutos de Anfield. Desde los jugadores, pasando por el cuerpo técnico y acabando por el utillero. 

Superados

Las caras antes del inicio eran un poema. Como si los que tenían que remontar un 3-0 eran los propios azulgranas. Gestos serios, pero ausentes. Y se repitió el guión. Exacto y casi calcado. Con los mismos protagonistas en el once del Camp Nou y con otros distintos en el conjunto red dadas las bajas de Salah, Keita y Firmino.

El Liverpool impuso su físico. Un juego al que no está acostumbrado el Barça --ni ningún equipo de la Liga española-- y empezó a sufrir. Una presión tan alta en la salida de balón que provocó los errores de los azulgranas. Pocos pases, nula continuidad en el juego que despertaron unos nervios que dieron paso al primer gol local. 

Divock Origi celebra el cuarto gol del Liverpool ante el FC Barcelona / EFE

Divock Origi celebra el cuarto gol del Liverpool ante el FC Barcelona / EFE

El pase de Alba no fue un error forzado, pero si destaca la presión alta del conjunto de Klopp que estaba al borde del área cuando el lateral --en una de sus peores noches-- quiso mantener la posesión con Ter Stegen. Dicha presión encerró a los hombres de Ernesto Valverde. El 70% del tiempo de partido se jugó en zona azulgrana y tan solo se mejoró durante la primera parte tras las molestias de Henderson que obligaron al colegiado turco a detener el partido durante unos instantes. 

Sin carácter, ni reacción

El primer gol fue el aviso, pero la debacle se consumó en los primeros 15 minutos de la segunda parte. El segundo tanto fue otra pérdida de balón en zona peligrosa con una jugada perfecta. Un gol que dejó entrever la falta de concentración de los azulgranas así como la ausencia de poderío físico. 

Un pie blando de Alba dio pie al centro que remató posteriormente Wijnaldum. Y con el dos cero y los fantasmas reviviendo, el neerlandés igualó la eliminatoria a placer. Se elevó por encima de todos --normal si nadie saltó-- para mandar el esférico al fondo de la portería de Ter Stegen. El empate obligó a empezar la eliminatoria de cero, pero el Liverpool estaba lanzado y el Barça de capa caída. 

Una foto de Gerard Piqué atónito durante el Liverpool - Barça / EFE

Una foto de Gerard Piqué atónito durante el Liverpool - Barça / EFE

Los rostros eran los mismos de los de 11 meses atrás en el Olimpo de Roma. Todos pregonaron durante meses que habían aprendido la lección, pero fue mentira. Ni desde dentro del campo ni desde el banquillo hubo una reacción. Valverde llegó tarde a los cambios y lo que es peor, no aprendió ni analizó lo vivido en el Camp Nou. No se puede repetir ese mismo once que sufrió tanto pero que salió indemne de feudo azulgrana por fortuna y por la presencia de Messi.

La ambición red

Y con esas malas sensaciones y estadísticas, con la posesión del Liverpool del más del 70%, se suma el poderío físico. El Barça ganó menos del 20% de los duelos individuales y los ingleses corrieron, en total, 15 kilómetros más que todos los azulgranas que tuvieron participación en Anfield. Datos sobrecogedores que explican porque el Liverpool es finalista y no el Barça. 

Más ganas, más ambición y más actitud. También sumó el efecto Anfield. La afición red no se calló ni un instante. De hecho, hasta la fecha los de Klopp han metido ocho de sus 11 goles en Champions en las primeras partes y un gol tan tempranero --minuto siete-- dio alas para creer a un equipo y afición que fueron uno. La Champions tiene ese qué especial en que todo tiene que estar de cara, empezando por los jugadores. 

El Barça perdió la fe --si es que aterrizó en Liverpool con alguna-- y se la acabaron las ideas. Otro bochorno histórico que no quedará impune este verano. 

 

 

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