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Ousmane Dembelé conduce el balón durante un partido del Barça de Valverde/ EFE

Ousmane Dembelé conduce el balón durante un partido del Barça de Valverde/ EFE

Dembelé: ni con trucos de magia convence a Valverde

Si el francés quiere seducir a su entrenador debe demostrarle que es un mago, no un trilero

Yago González

13.10.2018 18:52h Actualizado: 15.10.2018 12:47 h.

2 min

Hay una diferencia fundamental entre un prestidigitador y un trilero. El primero hace uso de las más bellas artes para encandilar al público. Busca el modo de levantar el aplauso de los demás. Se debe a su audiencia. El segundo, en cambio, se sirve de bellaquería y engaño para estafar al público. Busca la mejor forma de manipular a los demás. Embauca a sus clientes.

Nadie duda de la extraordinaria habilidad de Ousmane Dembélé con el balón. Es un auténtico malabarista. Un fenómeno. Pero falta por ver si se circunscribe a la categoría de mago o de trilero. El francés es capaz de levantar al público de sus asiento con sus jugadas. Cautiva a la grada, rendida ante los encantos del jugador. “¡Ooooh!”, exclaman los aficionados ante sus trucos. Pero ni Ernesto Valverde ni Didier Deschamps terminan de creérselo.

Adornos superfluos

A Dembelé le falta efectividad. Es un artista a la hora de adornar sus jugadas. El centro de rabona que hizo en el partido contra Islandia es paradigmático. Es muy vistoso, no cabe duda, pero lo que de verdad se le pide al francés es que haga un centro bien dirigido, eficaz, a la cabeza del rematador. No que busque lucirse. Los entrenadores quieren que sus jugadores rindan, no que se gusten a sí mismos. Si el partido está sentenciado, adelante, hay cabida para la recreación. Pero si no es así, más vale optar por la sencillez.

Pase de rabona de Dembelé en el Francia-Islandia

Pese a salir en el vídeo de las mejores jugadas, gracias al adornado centro de rabona, lo cierto es que Dembelé volvió a centrar las críticas por su actuación. Tenía una oportunidad de oro para reivindicarse. Pero la dejó pasar. Al final tuvo que ser Mbappé, saliendo desde el banquillo, quien resolviera un choque que se había puesto adverso para los bleus. La campeona del Mundo perdía 0-2 y empató en los últimos minutos gracias al prodigio del PSG.

El juego de abalorios

Dembelé tiene apenas 21 años y mucho recorrido por delante. Su talento está fuera de toda duda, pero requiere de mucho trabajo para pulir las carencias de un jugador demasiado intermitente. El potencial del francés es enorme. Tiene las condiciones ideales para convertirse en uno de los mejores del mundo. Pero le falta constancia.

El aclamado centro de rabona de Dembelé fue propio de un trilero. Embaucó a un público entregado. Les robó la cartera. Porque la realidad es que el centro no encontró rematador, sino que fue directo a la zaga islandesa. Un verdadero mago sirve el balón en bandeja a su compañero. Sin florituras ni engaños. La magia consiste en hacer sencillo lo difícil. No en complicarse inútilmente la vida.

 
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