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Quique Setién entrenando al Barça / FC Barcelona

Quique Setién entrenando al Barça / FC Barcelona

Los dos defectos que lastran a Quique Setién como entrenador

El cántabro no está teniendo un paso fácil por el banquillo del Barça

Redacción Culemanía @culemanias

16.07.2020 10:58h Actualizado: 16.07.2020 11:02 h.

2 min

Quique Setién fue claro este miércoles en rueda de prensa. Cuando más se le discute su continuidad, el cántabro comentó ante los medios que “por supuesto, naturalmente que me veo entrenando al Barcelona la próxima temporada”. A pesar de lo que diga, su futuro es más que incierto.

El cuerpo técnico del Barça está contantemente observado con lupa debido a la supuesta tensión que genera en el vestuario. El nivel de exigencia, los gritos de Eder Sarabia o las constantes palabras que señalan a los cracks son algunos de los puntos que más molestan a los jugadores.

Quique Setién habla con Messi y Jordi Alba en un parón para hidratarse / EFE

Quique Setién habla con Messi y Jordi Alba en un parón para hidratarse / EFE

A todo esto, siguen los rumores que sitúan a Setién fuera del Camp Nou cuando pase la Champions League. Suenan nombres como Xavi Hernández --muy complicado-- o Ronald Koeman pero el presidente Bartomeu insiste en que “la voluntad es que sea el entrenador la temporada que viene, nuestra intención es cumplir los contratos”.

Poco atrevimiento

El cántabro llegó a Barcelona como un heredero del fútbol de Johan Cruyff avalado por su buen papel en el Real Betis y en Las Palmas. En los dos primeros partidos se atrevió con experimentos --tres centrales, Riqui Puig titular, dos puntas…-- pero poco a poco fue volviendo al clásico y tradicional 4-3-3.

A excepción de algunos partidos puntuales, raramente interviene positivamente desde el banquillo para cambiar el trascurso del partido. Su apuesta inicial es la buena y, cuando hace sustituciones, suele ser hombre por hombre y sin intentar solucionar esos problemas que afectaban al equipo.

Setién, junto a Braithwaite en un partido en el Camp Nou | EFE

Setién, junto a Braithwaite en un partido en el Camp Nou | EFE

Sin ir más lejos, en los dos últimos partidos --Espanyol (1-0) y Valladolid (0-1)-- realizó cambios defensivos sin esconder el miedo a dejarse puntos. Contra los pericos entró Ronald Araújo por Ivan Rakitic y ante los pucelanos entró Junior Firpo por Sergio Busquets. Pocas veces los suplentes --a excepción de Riqui Puig y Ansu Fati-- mejoran lo que vemos a los titulares.

A Setién se le reprocha constantemente la falta de atrevimiento, como sí que mostró contra el Villarreal (1-4). Se esperaba que, con él, los jóvenes dieran un paso adelante y se buscara un cierto riesgo que motivara al aficionado de nuevo. Lo recibido es totalmente diferente: un juego plano y resultadista. Ya se sabe, en el Barça estás obligado a ganar.

Poca motivación

El segundo gran defecto del entrenador parece ser el discurso motivacional. Josep Maria Bartomeu recientemente comentó que buscaban un “impulso con el cambio de Valverde”, un impulso que todavía no ha llegado. Los jugadores parecían más cómodos --e incluso motivados-- con el Txingurri que con el nuevo míster.

Como vemos en numerosas ocasiones en rueda de prensa, Quique Setién es de dar muchas explicaciones, de hablar sin tapujos y no ahorrar con los ataques a los jugadores. Eso hace pensar que, en muchas ocasiones, colapsa a los jugadores y hace que se descentren del mensaje importante.

Quique Setién en rueda de prensa previa al partido contra el Osasuna / FC Barcelona

Quique Setién en rueda de prensa previa al partido contra el Osasuna / FC Barcelona

Suceda o no el milagro prácticamente imposible en este final liguero, el actual cuerpo técnico no tiene todas las garantías de seguir al frente del equipo. Ni futbolística ni anímicamente el equipo ha dado un salto y eso precisamente es lo que buscaba la junta directiva para su último año de mandato.

 
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