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Kostic celebra el tercer gol del Eintracht, celebrado por miles de seguidores del Eintracht en el Camp Nou / EFE

Kostic celebra el tercer gol del Eintracht, celebrado por miles de seguidores del Eintracht en el Camp Nou / EFE

El Eintracht también ridiculiza al Barça en Europa

El equipo azulgrana revive sus peores noches continentales ante un rival superior en un Camp Nou muy blanco

Lluís Regàs @LluisRegas

14.04.2022 22:57h Actualizado: 15.04.2022 01:22 h.

2 min

Tocado, hundido y eliminado. El Barça se estrelló otra vez. En la Europa de segunda velocidad. Ni tan siquiera la Europa League pudo consolar a un equipo frágil, en construcción, muy mal parido. Perdió el Barça en un Camp Nou hostil, más blanco que azulgrana, el día que el Eintracht emuló al Bayern y se dio una fiesta eternamente esperada en Frankfurt. Su felicidad contrastó con la frustración barcelonista en una temporada que comenzó mal y acabará peor. La cara de Laporta, muy seria, retrataba la impotencia del Barça. Del presidente, de Xavi Hernández, de sus jugadores y de la afición en una jornada que el colseo barcelonisa fue tomado por la hinchada rival.

Xavi movió el equipo titular con el objetivo de desactivar a un Eintracht muy vertical, pero todos sus planes se fueron al garete. El Barça tuvo menos deseo y repitió los errores de Alemania. Ausente Piqué, que no se recuperó de su lesión, el técnico se decantó por la velocidad de Mingueza y en el centro del campo apostó por el carácter de Gavi en detrimento de Frenkie de Jong.

Penalti y gol del Eintracht

El partido comenzó con el Eintracht revolucionado, envalentonado por el apoyo de unos 20.000 aficionados que gritaban hasta la extenuación, y con un penalti a favor a los cuatro minutos que transforó Kostic.

Los jugadores del Eintracht celebran el penalti transformado por Kostic

Los jugadores del Eintracht celebran el penalti transformado por Kostic / EFE

Lejos de amilanarse, el Barça y su afición reaccionaron sin complejos en un Camp Nou que era una olla a presión. A los nueve minutos, Dembelé se inventó un centro que Aubameyang, forzado, cabeceó fuera.

Dembelé, descarado

El Barça, como en Alemania, tenía muchos problemas para maniobrar. Le costaba horrores encontrar espacios. Pedri y Gavi no tenían buenas sensaciones y solo Dembelé, descarado, agrietaba la poblada defensa del Eintracht. 

El partido todavía se complicó más para el Barça con las amonestaciones a Eric García y Gavi ante un Eintracht muy bien ordenado, con cinco defensas y las líneas muy juntas. La agonía azulgrana contrastaba con la felicidad alemana, aumentada tras el espectacular zapatazo de Santos Borré que sorprendió a Ter Stegen y dejó contras las cuerdas al grupo azulgrana.

Santos Borré remata a puerta en el segundo gol del Eintracht

Santos Borré remata a puerta en el segundo gol del Eintracht / EFE

Frenkie entra por Pedri

Tras el descanso, Frenkie de Jong entró por Pedri, que acabó la primera parte con molestias. El Barça se la jugó, más vertical que nunca, ante un Eintracht que ya tuvo el tercer gol en un remate de Lindstrom que despejó Ter Stegen.

Xavi tuvo que agitar mucho más al equipo al cuarto de hora del segundo acto, dando entrada a Dest y Adama por Mingueza y Aubameyang después de que el partido estuviera cinco minutos parado por unas posibles manos dentro del área alemana y problemas técnicos con el VAR.

La fiesta alemana

El parón anticipó la rendición azulgrana, rubricada con el gol de Kostic que desató la fiesta alemana en el Camp Nou cuando todavía quedaba un mundo. Los goles finales de Busquets y Memphis fueron una anécdota. Europa, una vez más, castigó al Barça, que esta temporada solo ha ganado un partido en su estadio (Dinamo de Kiev), ha empatado tres (Benfica, Nápoles y Galatasaray) ha perdido dos (Bayern y Eintracht), una estadística horrorosa que agrava la pesadilla barcelonista.

La eliminación pasará factura al Barça, cada día más frágil en Europa. Con una deuda de 1.350 millones de euros y una plantilla cara y descompensada, pintan bastos en el Camp Nou. Xavi no lo tendrá fácil para reconstruir un equipo tocado y Laporta necesitará mucho más que buenas palabras para devolver la alegría a la afición culé, que vivió el peor calvario en un Camp Nou más blanco que azulgrana.

 

 
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