Universo Blaugrana

Ronald Koeman, cabizbajo, durante el empate de Barça y Granada / EFE

Ronald Koeman, cabizbajo, durante el empate de Barça y Granada / EFE

La encrucijada de Koeman ante un entorno empeñado en liquidarlo

El entrenador holandés está al borde del colapso debido a un acoso mediático que no le da tregua

Víctor Malo @VMalo8

21.09.2021 03:26h

2 min

Ronald Koeman no es el elegido. No es el entrenador llamado liderar el FC Barcelona de Joan Laporta. Es un parche que puso Bartomeu y no se puede cimentar un nuevo proyecto deportivo sobre él, un hijo de Cruyff al que la mayoría de medios le niegan el apelativo cruyffista. El nuevo presidente del Barça gana tiempo mientras aspira a encontrar un sustituto de altura que le ayude a edificar el futuro. Un tiempo idóneo para machacar al héroe de Wembley sin tregua tratando de forzar su dimisión. Si se va gratis, hace un favor a Laporta. Si se queda, le puede costar la salud a una persona que empieza a mostrar síntomas de agotamiento mental y con antecedentes preocupantes: tuvo un infarto antes de entrenar al Barça y últimamente ha sufrido ataques de ansiedad.

Esta relación está condenada a llegar al límite porque el Barça, aunque se diga lo contrario, no está dispuesto a pagarle el finiquito a Koeman: entre 12 y 13 millones de euros. Demasiado dinero para no tener un plan B de altura. Pero al bueno de Ronald lo tienen atravesado en la junta de Laporta. Miembros de su directiva y ejecutiva, como Enric Masip, tienen claro que debe saltar y alimentan a determinados medios amigos cuyos periodistas no contemplan un discurso que no pase por fusilar a Koeman cada día. A ellos se suman otros colectivos con cierta fuerza en el entorno mediático culé, como los que apuestan por el fichaje de Xavi para el banquillo o por dar más minutos a Riqui Puig

El grito de gol de Ronald Araujo para el empate ante el Granada / EFE

El grito de gol de Ronald Araujo para el empate ante el Granada / EFE

Es cierto que el carácter testarudo del mítico defensor tampoco ayuda. Si bien mostró síntomas de complacencia al recuperar el 4-3-3 que le impuso Laporta en las reuniones que mantuvieron en junio, luego demostró que le cuesta entender las líneas maestras de una filosofía de juego que no se basa en los centros a la olla. Ante el Granada (1-1), el Barça rechazó las combinaciones por dentro, el uno contra uno o las jugadas buscando llegadas desde segunda línea. Todo se focalizó en los remates de cabeza de Araujo, Mingueza, De Jong y, finalmente, un Gerard Piqué que por primera vez en su carrera salió desde el banquillo para jugar durante 20 minutos exclusivamente como delantero centro. Fue un fiasco.

Matices 'imperdonables'

Pese a los errores tácticos, Koeman debería tener algo más de margen. Rara vez se despide a un entrenador en septiembre, pero el entorno culé está empeñado en liquidarlo cuanto antes. Nadie contempla que los jugadores lo dieron todo, se dejaron la piel hasta el final y pelearon como jabatos al lado de su entrenador, en busca de una remontada que estuvo a punto de llegar. La épica se impuso al estilo y para los puristas del juego eso es imperdonable.

Pedri, Dembelé y Ansu Fati, lesionados, en la grada del Camp Nou / EFE

Pedri, Dembelé y Ansu Fati, lesionados, en la grada del Camp Nou / EFE

Los mejores jugadores del Barça estaban viendo el partido en la grada, con la excepción del incombustible Memphis y de un Araujo que nuevamente ha demostrado que debe estar por delante de Éric, Piqué y cualquier otro central que aspire a hacerle sombra. Pedri, Ansu Fati y Dembelé presenciaron el empate juntos. Tampoco estaban en el campo Jordi Alba, ni Braithwaite, que se suman a la sonada baja irreversible de Messi. Cada vez queda menos para que vuelvan los primeros, pero para Koeman está siendo una eternidad en forma de calvario. El hombre que trajo la primera Copa de Europa a Barcelona debe tratar de sobrevivir sin sus mejores jugadores, obligado a jugar con un sistema en el que no cree del todo –el curso pasado se mostró más partidario del 3-5-2– y rodeado de un entorno mediático despiadado. Parece imposible que acabe la temporada. La gran pregunta es: ¿Dimitirá o le echarán?

 
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