Universo Blaugrana

El FC Barcelona, celebrando el primer gol de Aubameyang contra el Real Madrid / EFE

El FC Barcelona, celebrando el primer gol de Aubameyang contra el Real Madrid / EFE

Xavi vuelve a convertir el Bernabéu en el jardín del Barça

Los de Xavi humillan al Real Madrid gracias al doblete de Aubameyang y las dianas de Araujo y Ferran

Carlos Domínguez @CarlosDomnguez1

20.03.2022 22:51h Actualizado: 21.03.2022 12:07 h.

5 min

Goleada de escándalo, humillación y golpe moral para el barcelonismo. Los de Xavi se comieron el clásico y volvieron a convertir el Bernabéu en su jardín, agarrándose así al último tren de la Liga. Un doblete de asistencias de Dembelé brindó los goles de Aubameyang y Araujo, ambos de cabeza, para amarrar los tres puntos ya en la primera mitad. En la segunda se culminó el festival con otro gol de Ferran Torres y el segundo de Aubameyang. Un póker que permite recuperar la tercera posición y acercarse algo más al liderato del Real Madrid, aunque sigue a doce puntos. Más allá de los números, la importancia de la gesta reside en el plano anímico. Se respira la sensación, ya en toda Europa, de que el Barça ha vuelto. Esta vez, para quedarse. Gracias, sobre todo, a un Xavi Hernández que ha devuelto la esencia y el ADN Barça a un equipo que estaba muerto... Y que ahora es temible.

Xavi ganó a Ancelotti antes de empezar

A pesar de que el once titular del Barça parecía previsible antes del partido, Xavi sorprendió introduciendo ligeras variaciones para apuntalar posiciones concretas y dominar mejor los contraataques blancos. El de Terrassa decidió sentar a Dani Alves y colocar a Ronald Araujo en el lateral derecho, con Eric García y Piqué en el eje de la defensa, a fin de controlar mejor las incursiones de la gran referencia merengue a falta de Benzema: Vinicius Jr. En la medular regresaron Busquets, Frenkie de Jong y Pedri, con Gavi como principal damnificado, mientras que Ferran Torres y Aubameyang cumplieron con los pronósticos junto a un Dembelé que se ha ganado la titularidad a pulso.

Pese a los retoques culés para frenar a Vinicius Jr, podría decirse que la fórmula no surtió efecto en los primeros minutos. El brasileño salió muy enchufado y, aunque Araujo intentó atarle en corto e igualó su velocidad, Vini tuvo la habilidad de levantar la cabeza y asistir a Fede Valverde a los seis minutos de juego, en la frontal del área. El uruguayo se sacó un disparo potente que obligó a la intervención de Ter Stegen, evitando así el que habría sido el primer gol del partido. Los merengues dominaron el juego durante los primeros compases del encuentro, contra un Barça que aguantó las embestidas y esperó su oportunidad para calmar el juego a base de contragolpes y un doble susto contra la portería de Courtois.

Vinicius Jr y Gerard Piqué, discutiendo en el Santiago Bernabéu / EFE

Vinicius Jr y Gerard Piqué, discutiendo en el Santiago Bernabéu / EFE

Busquets puso un pase delicioso en profundidad para Ferran Torres, que llegó hasta la línea de fondo y colocó un paase de la muerte que se comió Alaba. El remate mordido de Aubameyang fue desviado de forma milagrosa por Courtois, y el tiro posterior de Dembelé, que había recogido el rechace, se encontró también con los guantes del omnipresente arquero belga. Un primer cuarto de hora loco, prácticamente sin medio campo, en lo que parecía más un duelo de Premier League que de la Liga. Idas y venidas, ocasiones para ambos equipos y el público del Bernabéu, por supuesto, encantado con el espectáculo. El caso es que el Barça se quitó la presión blanca de encima y, unos minutos después de la primera doble ocasión, fue Ferran Torres quien pudo abrir el marcador con un disparo con rosca que rozó el palo izquierdo de la portería de Courtois.

Dembelé, el mago de las asistencias

El de Foios volvió a tenerla al filo de la media hora, tras recibir en profundidad un pase de auténtica fantasía de Pedri, que manchó Casemiro al taponar el disparo posterior de Ferran. Oportunidad desperdiciada, pero no había problema: el gol azulgrana estaba al caer. Y fue así como Jordi Alba logró contactar con Dembelé y éste, desde la banda derecha, desbordó y progresó hasta sacarse de la chistera un centro fuerte y colocado que Aubameyang remató al fondo de las mallas. Golazo de Auba (en ese momento ocho en once partidos) a pase de su mejor amigo en Can Barça. Xavi y todo el banquillo culé lo celebraron como locos, conscientes de la importancia de la diana a pocos minutos ya para el descanso.

Aubameyang, celebrando con Ferran Torres el gol marcado al Madrid / EFE

Aubameyang, celebrando con Ferran Torres el gol marcado al Madrid / EFE

Abierta la lata, todo fue mucho más fácil. Y el Barça lo aprovechó para duplicar la ventaja. Aubameyang tuvo el segundo gol en sus botas, pero su disparo fue repelido de nuevo por un gran Courtois. Lo que no pudo evitar el belga fue el golazo de Ronald Araujo de cabeza, a la salida de un córner perfectamente botado por Dembelé. Segunda asistencia del francés, celebración eufórica de todo el equipo y el Bernabéu, en silencio. Minutos antes Vinicius había intentado engañar al árbitro con un piscinazo en el área de Ter Stegen, pero no coló ni para el colegiado ni para el VAR. Demasiado botín se llevó el brasileño al no ser sancionado con amarilla. La cuestión es que el Barça, claro dominador de la primera mitad, se fue con un 0-2 más que optimista rumbo a los vestuarios.

Póquer, control del juego y ADN Barça

En el segundo tiempo Ancelotti apostó por jugar con tres centrales y cambiar el sistema, pero el remedio fue peor que la enfermedad. Porque, nada más reanudarse el encuentro, el Barça dispuso de dos mano a mano clarísimos. El primero, a los 20 segundos, se resolvió con un disparo desviado de Ferran Torres. El valenciano estaba completamente solo frente a Courtois, pero incomprensiblemente mandó el balón fuera. A la segunda, no falló. La defensa merengue hizo aguas por todos lados y el Barça, sabiendo qué hacer a cada momento, generó un golazo de Ferran Torres a pase de espuela de Aubameyang. Un 0-3 nada más empezar, que ni los más optimistas habían presagiado.

Todo el Barça, celebrando el tercer gol con Vinicius Jr en primer plano / EFE

Todo el Barça, celebrando el tercer gol con Vinicius Jr en primer plano / EFE

El ciclón azulgrana, sin embargo, seguía muy vivo. Y continuó haciendo volar por los aires cualquier esperanza merengue con el cuarto gol, obra de nuevo de Aubameyang. El gabonés firmó su doblete con suspense, después de que el VAR revisara la posición correcta de Ferran Torres, antes de asistir al ariete blaugrana para que sacase a relucir las vergüenzas blancas. 0-4 y control absoluto para el Barça, que bajo el mando de Xavi ha recuperado el ADN y el espíritu de Guardiola. Ya se había ido viendo las últimas semanas, pero lo de este domingo en el Bernabéu fue la confirmación absoluta.

El heredero de Guardiola

Xavi es el heredero de Pep, ha devuelto la esencia y no hay ningún culé que no esté ilusionado. El de Terrassa dijo en rueda de prensa que "la presión es innegociable", y este domingo la línea de presión fue la más alta que se ha visto desde que llegó al banquillo. En algún tramo de la segunda mitad, hasta tres jugadores llegaban a tiempo para presionar la salida de balón merengue incluso dentro del área de Courtois. Y es que Xavi está haciendo como entrenador lo que hacía como jugador, y no hay ninguna duda de ello. Los blaugrana dominaron el partido de cabo a rabo, y si bien es cierto que tras el 0-4 levantaron el pie del acelerador, siguieron controlando el juego con criterio y no permitieron que el Real Madrid se acercase prácticamente al área de Ter Stegen.

Aubameyang, Memphis y Dembelé pudieron ampliar todavía más la ventaja azulgrana, y lo habrían hecho de no haber sido por las intervenciones del portero belga del Real Madrid, el único inspirado en el conjunto. El electrónico, en cualquier caso, no se movió de nuevo y los blaugrana se marcharon del Santiago Bernabéu con una victoria de alto prestigio, de aquellas que abren las portadas de los periódicos en todo el mundo. El Barça juega cada vez mejor, y la lástima es que ahora llegue el parón de selecciones. Sólo hay que pedir un deseo: que cuando vuelva la Liga y la Europa League, la fiesta azulgrana no pare.

 
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