Rafael González-Palencia @juanblaugrana

12.05.2022 00:40h Actualizado: 12.05.2022 18:24 h.

2 min

Como se pudo comprobar ante el Betis y el Celta, Frenkie de Jong padece la misma maldición que aquellas adúlteras de Nueva Inglaterra en la novela de Nathaniel Hawthorne: lleva una letra escarlata cosida al pecho que le impide ser considerado como al resto. Pero no se trata de una 'A', como la que lucía en señal de puritano oprobio la malhadada Hester Prynne, sino de una 'J', la inicial de la quizá primera palabra con que Xavi Hernández se refirió al mediocampista holandés al inicio de su periplo en el banquillo del Barça: "Joker". En principio no tiene nada de malo ser un comodín, pero ojo: también suele tratarse de la primera carta de la baraja que se traspapela. 

En este Barcelona en plena reconstrucción se va demostrando que tener un papel único y reconocido, cuanto más especializado mejor, hace más sencillo no solo acceder a la titularidad de manera regular, sino protegerse ante la escabechina que viene. Y esa, este verano, trae un regalo envenenado: dependiendo de si cuadra la tesorería o no, alguno de los (muy pocos) jugadores del Barça con auténtico mercado podrían ser objeto de una venta, por potencialmente impopular que fuera. La lista es corta, en efecto, y de hecho solo Ter Stegen y Frenkie cumplen las condiciones óptimas: contrato en vigor, juventud suficiente, varias temporadas en el equipo tras su fichaje --lo que repercute positivamente en su amortización--, cartel de titulares y además magníficos picos de rendimiento en diferentes etapas. Obviamente, eso es lo que requieren otros grandes clubes para pagar más de 70 kilos, y no la tronchadísima rodilla de Umtiti. 

También resulta evidente que vender a Ter Stegen implicaría fichar a un reemplazo, salvo que el Barça esté dispuesto a jugarse las habichuelas con Neto e Iñaki Peña o encomendarse a Dimitrievski, cosas ambas que dudo aunque tampoco me atrevo a descartarlas. Así que Frenkie, pese a que Xavi lo haya reconocido con múltiples elogios y encajes en el once, sale todos los días al verde con varias realidades innegociables sobre sus hombros. Las más importantes, la eclosión de Pedri y Gavi, la necesidad de que adquiera un rol protagonista en el equipo que no se termina de materializar, la cuota de minutos de Nico (de quien el técnico ya ha advertido que lo ve mejor desempeñándose como  interior), la renovación de Sergi Roberto y la llegada de Kessié como 'oportunidad de mercado'. 

Ni su obvia pulcritud con la pelota ni su despliegue físico ni la senectud de Busquets arrojan luz sobre el ensombrecido presente del De Jong bueno. Es así porque en las escasas ocasiones en que ocupó la posición de pivote, más o menos las mismas que la de central, ha dejado el poso de un mediocentro extraordinariamente móvil y aguerrido pero con una capacidad de influencia un tanto escasa. Por si fuera poco, contra el Celta padeció un cambio de sistema de Xavi del cual salió bien librado en varias facetas, pero se lo vio demasiado ansioso por la búsqueda del último pase y demasiado pendiente del balón en fase defensiva. Así se hace imposible reconocer si un once de gala azulgrana vertebrado en torno a sus pantorrillas de mediofondista posee el empaque que debería. Xavi seguramente esté dispuesto a correr el riesgo, pero ya le dejaron disponer de Dembélé y de Araújo cuando desde los despachos le pedían que los abanquillara sumarísimamente como medida de presión para renegociar sus contratos. Así que tengo mis dudas sobre la generosidad de la Junta en este caso si el temido Excel no cuadra y asoma pasta desde Inglaterra. Veremos.

P.D.: Nos vemos en Twitter: @juanblaugrana

 
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