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Bartomeu recibió a Puigdemont al palco del Camp Nou antes de exiliarse / EFE

Bartomeu recibió a Puigdemont al palco del Camp Nou antes de exiliarse / EFE

La obsesión por sacar a Bartomeu del Barça nubla a la Generalitat en plena pandemia

Error histórico el que puede cometer el gobierno catalán si asume el riesgo de fomentar un rebrote que puede ser letal para nuestros mayores

Víctor Malo @VMalo8

26.10.2020 02:01h Actualizado: 26.10.2020 10:56 h.

5 min

La contradicción se apodera del orden del día de la Generalitat de Catalunya el fatídico día en que se anuncia un toque de queda diario a partir de las 10 de la noche. Al tiempo que se restringen las libertades ciudadanas, la institución catalana mantiene su postura de celebrar cuanto antes el referéndum del voto de censura contra la junta directiva de Josep María Bartomeu en un escenario de pesadumbre que mantiene cerrado el sector de la hostelería en todo el territorio catalán. Una decisión que parece condicionada por múltiples presiones externas que piden un cambio en la presidencia de inmediato y que podrían obtenerlo: Bartomeu y su junta se plantean dimitir este mismo lunes si la Secretaría General del Esport no concede el aplazamiento de la votación por 15 días

Desde la Generalitat aseguran que la votación de la moción de censura se puede celebrar con todas las garantías sanitarias. Unas medidas de prevención que debieron evitar un rebrote masivo del coronavirus y que, solo con ver las cifras de los hospitales, queda patente que han fracasado estrepitosamente. Mientras el sector de la restauración paga los platos rotos, la Gene pide a un elevado colectivo de personas, muchas de ellas de riesgo, que se desplace a depositar una papeleta durante una votación masiva que puede congregar a más de 50.000 votantes. El censo electoral llamado a las urnas asciende a 110.000 socios.

¿Derechos fundamentales?

Dicen algunos defensores del movimiento en las redes sociales que no hay riesgos. Que lo verdaderamente grave es impedir el ejercicio de un derecho fundamental como es el derecho al sufragio activo –aunque en ningún momento se habla de impedirlo sino de posponerlo–, cosa que según Jordi Farré podría dar lugar a pedir responsabilidades penales. Y, al mismo tiempo, obvian que estamos asistiendo a un constante bloqueo de otros derechos fundamentales como son el derecho al trabajo o el derecho a la libertad, que implica la posibilidad de poderse mover libremente a cualquier lugar –como los bares ahora cerrados, otras comunidades autónomas...– y en cualquier horario, cosa que será inviable en el Estado de Alarma y con el toque de queda.

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Menos de dos semanas, teniendo en cuenta que el cierre de la hostelería se decretó el pasado 15 de octubre y que el polémico clásico se celebró el 24 del mismo mes, han impedido que miles de bares y restaurantes hagan su agosto con el Barça-Madrid. En unos tiempos de crisis global, de acoso y derribo constante, muchos establecimientos tenían depositadas sus esperanzas en este partido. No solamente los que están en los aledaños del Camp Nou, que iban a ser un hervidero de gente, sino todos aquellos que iban a posibilitar el visionado de un encuentro que está cerrado al público. Sin embargo, la Generalitat optó por prevenir un posible foco de contagio impidiendo que miles de personas ejerciesen sus derechos fundamentales y asumiendo el precio de asestar un golpe letal a sus mermados bolsillos.

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Es contradictorio que no se permita el acceso del público a los estadios, que se cierren todos los bares, incluso en Castellfollit de la Roca, Rupit o Beget –por poner ejemplos de pequeñas poblaciones catalanas donde el riesgo de contagio en un bar es mínimo– y a la vez se diga que se garantiza la seguridad de entre 50.000 y 110.000 personas a la hora de realizar su derecho al sufragio activo. Y ante la constante falta de rumbo que se vive en el gobierno catalán desde hace años, lo único que puede justificar esta ausencia de criterio son intereses ocultos que tanto en Culemanía como en otros medios se vienen denunciando desde hace tiempo: la voluntad activa de Puigdemont y su JxCat por controlar el FC Barcelona.

División política

La caída en picado de los clásicos y ultradivididos herederos de Jordi Pujol ha llevado a que ERC les pase la mano por la cara en Cataluña. No es de extrañar que el partido que históricamente mejor ha garantizado la defensa de la causa independentista ahora se haga fuerte. Por su parte, los que se han pasado la vida mandando no pueden tolerar que en las próximas elecciones a la presidencia de la Generalitat les quiten el poder que siempre han ostentado.

En estos momentos, la división política en el gobierno catalán es total. Y mientras el presidente en funciones de la Generalitat, Pere Aragonès, intenta mandar desde que fue inhabilitado Quim Torra, el bloque de JxCat pone todas las trabas posibles, empezando, en estos momentos, por la propia Secretaria General de l’Esport.

El plan de Puigdemont 

Puigdemont, en una acción de estrategia muy estudiada, ha buscado nuevos aliados en vista de la catástrofe que se cernía sobre sus tropas. Y entre esos cómplices se encuentran aquellos que le pueden ayudar a meter mano en el FC Barcelona. Porque si a la clásica CDC le birlan la Generalitat sus hasta hace poco compinches de Esquerra, debe focalizar sus esfuerzos en controlar el otro gran altavoz mediático de Cataluña, el Barça.

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Las relaciones entre Víctor Font y Puigdemont, tejidas desde los contactos del primero en el diario Ara y TV3, con el consagrado periodista Antoni Bassas como principal interlocutor y enlace entre las partes, se vienen trabajando desde hace años. No estamos ante una jugada nueva. Antes de que las cosas fuesen tan mal, JxCat ya tenía claro que el Barça era el trampolín definitivo para presionar al Estado español con la independencia de Cataluña. Algo que, pese a sus muchas equivocaciones, ha impedido el presidente Josep María Bartomeu.

Con lo que no contaba Puigdemont era con que las cosas se le pondrían tan feas desde su criticado exilio en Bruselas mientras sus camaradas estaban pagando pena de prisión. Por este motivo, lo que pasaba por una hoja de ruta clave para dar la patada definitiva a España utilizando los altavoces internacionales del Barça –cada vez más deteriorado en la UEFA debido a la machacona causa política– ahora se ha convertido en una especie de obsesión por la supervivencia. 

Reuniones con Laporta y Font 

Tanto es así que Puigdemont se reunió con Laporta en Perpiñán para intentarle convencer de que no se presentase a las elecciones del Barça o, en su caso, de que lo hiciese de la mano de Víctor Font, el delfín elegido para el Procés. Sin embargo, con lo que no contó el President es con la tremenda cabezonería de ambas partas, negadas en rotundo a ser el segundo de a bordo del otro. Cuantas más reuniones se han celebrado para convencer a Laporta de que su tiempo ya había pasado, más ganas le han entrado de volver al Barça. Y lo cierto es que, a falta de hacerlo oficial, el abogado está más preparado que nunca.

Quizá por este motivo desde el entorno de Font no paran de presionar para celebrar el referéndum cuanto antes. Porque cuanto más tiempo pasa, más tiempo tienen Laporta y otros posibles contendientes para prepararse. Y, con ese fin, cuentan con la complicidad feroz de la parte de la Generalitat representada por JxCat, capaz de entrar en contradicciones flagrantes, y peligrosas para la salud, por defender su causa.

 
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