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Gerard Piqué en la acción del penalti contra el Valencia / EFE

Gerard Piqué en la acción del penalti contra el Valencia / EFE

La plantilla del Barça sufre mucho con el 3-5-2

El equipo aún no se ha adaptado al nuevo sistema de Setién y no conecta en ataque mientras que sufre en defensa

Guillem Andrés

26.01.2020 15:38h Actualizado: 26.01.2020 15:43 h.

2 min

Quique Setién llegó al banquillo culé con la clara voluntad de remover al equipo para llevarlo a las ideas que le hicieron brillar en Las Palmas y el Betis. El cambio más destacado ha sido el retoque de piezas en el sistema del equipo. El técnico cántabro ha apostado por un 3-5-2 en ataque en el cual Sergi Roberto, Piqué y Umtiti son los que cierran al equipo mientras que Jordi Alba y Ansu Fati ensanchan el campo en zonas ofensivas.

Nuevos roles en defensa

La línea que seguramente ha tenido que aprender más conceptos del sistema de Setién ha sido la defensa, que con el nuevo dibujo cierra con tres jugadores: Sergi Roberto, Piqué y Umtiti. El de Reus es el caso más relevante ya que empezó la temporada aspirando a asentarse en el centro del campo y en los últimos partidos ha tenido que jugar como tercer central. De esta forma el dibujo le impide incurrir en ataque - siendo esta una de sus grandes virtudes – mientras que aún se ha mostrado débil en defensa.

De Jong y Piqué mientras Maxi celebra el gol del Valencia / EFE

Estos nuevos roles, por lo tanto, son evidentes que aún les falta rodaje y automatizar los movimientos. El propio Setién confesó al término del partido que "igual los jugadores no interpretan bien algunas cosas. O quizá hay cosas que no hayamos explicado bien”. Una conclusión que también se traslada al resto del equipo.

A su vez, con Setién en el banquillo, Umtiti ha cogido más presencia y se ha posicionado como central titular, por delante de Lenglet. El exjugador del Olympique de Lyon no había gozado de muchos minutos con Valverde y esto, sumado a sus lesiones, se ha plasmado en una falta de forma.

Samuel Umtiti, durante un encuentro con el Barça/ EFE

Jordi Alba pierde efecto sorpresa

Tal como dijo Chuck Daly, refiriéndose en este caso al básquet, “el ataque gana partidos la defensa campeonatos”. Lo cierto es que el Barça es un claro ejemplo de esta frase. En las últimas temporadas el equipo ha confiado absolutamente en el talento de Messi o la voracidad de Suárez mientras que en defensa poco a poco ha ido perdiendo el control. De esta manera, a pesar que los culés han ganado las últimas dos Ligas, el conjunto azulgrana se ha mostrado débil en partidos de primer orden y no ha sabido solucionar con el juego la falta de acierto de los grandes cracs cuando estos no han estado inspirados.

Una de las vías de ataque del Barça más habituales en partidos trabados han sido los desmarques de Alba a las espaldas de los jugadores. El lateral incurría por sorpresa en la banda izquierda y la visión de Messi hacía que le pusiera un balón perfecto en el área. Con el cambio de sistema, por lo tanto, el dorsal 18 del Barça ya está en posiciones avanzadas y pierde ese factor sorpresa que podía tener; tal como le pasaba a Dani Alves cuando se posicionaba en situaciones avanzadas. De esta manera, el juego se convierte totalmente en estéril en lo que se parece a un partido de balonmano a la espera de encontrar el hueco para ver portería.

Jordi Alba, en una imagen de archivo contra el Espanyol / FC Barcelona

El partido en Mestalla, a su vez, fue un claro reflejo de los males del Barça. Messi y De Jong no se encontraron a gusto en ningún momento y ni en disparos de falta el argentino pudo generar peligro. De esta manera, algunos partidos recaen en que Ansu Fati desborde y sea aquel jugador que deslumbró en sus primeros partidos. Asimismo, jugadores como Arthur o Griezmann tampoco han acabado de encontrar su sitio en este sistema y aún se encuentran en fase de adaptación.

 
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